Ahora dicen que me creo Raymond Carver -pobre Ray-, él no tiene la culpa. Ahí va.
Había sido una noche pesada. Se levantó de la cama deshecha y húmeda de sudor, esquivó al gato y enfiló para el baño. Mirándose al espejo esbozó una pena, intentó lavarse los dientes en tres oportunidades y un conjunto de arcadas se lo impidió. Abandonó la dura empresa odontológica y bebió unos sorbos de la canilla.
Eran las dos de la tarde. Pronto, el domingo aparcará sus sentimientos en el cordón de los ánimos. Había pensado que los domingos no tienen mucha lógica, pero son coherentes con lo que provocan. Pensó también en aquella vez que había escuchado lo de los suicidios. No pensó en el suicidio. Es decir, no pensó en el suicidio en sí, pero nunca pudo responderse cierto interrogante: ¿El que aniquila al ser humano es el domingo o el lunes por venir? No se sabe: no lo sabía, nada era claro.
Sonó el teléfono y Alvaro se reprochó no haber bajado la campanilla. Contestó:
- Diga.
- Buenas tardes, ¿señor Alfonso? –Alfonso se sorprendió con lo de “buenas tardes”, ¿a qué se estaría refiriendo?.
- Sí, él mismo; pero disculpe –dijo curioso, y antes de preguntar quién habla preguntó:- ¿me puede confirmar la hora? –.
- Son las dos y cuarto de la tarde ¿lo inoportuno?
- No, para nada. Sólo que estuve descompuesto y se me pasaron las horas como si nada –respondió; “¿como si nada?”, se preguntó.
El llamado era del viejo portero del edificio. Tiempo atrás lo habían prescindido de sus funciones debido a su incapacidad para solucionar los menesteres hogareños que los propietarios exigían. Quiso saber si todavía quedaba pendiente lo de las marmotas.
Durante muchos años, incluso en los últimos, Walter y Alvaro salieron a cazar esciuromorfos, Walter nunca dejó de llamar a Alvaro por su apellido y con un respeto exagerado.
Alvaro tardó unos minutos en reconocerlo. Luego, lo notó preocupado.
- ¿Qué pasa Walter? –le dijo con aire desinteresado, hurgando con el dedo en uno de los orificios de la nariz.
- Nada, sólo que me tiene preocupado esto de las marmotas –contestó titubeando.
- ¿Qué pasa? –repreguntó- ya habíamos quedado que el mes que viene viajaremos a Estados Unidos por ese asunto.
- ¿Usted no leyó los diarios? –volviendo a titubear-.
Por esos días, la prensa, sobre todo un periódico en particular, había publicado que el cambio climático estaba trastornando la vida de estos simpáticos mamíferos. Según decían, la prolongación de los veranos hace que las marmotas crezcan más y con mejores habilidades para la supervivencia, y esto es lo que le preocupaba profundamente a Walter.
1 comentarios:
ay... domingos...
dia de los marmoteados?
:)
beso
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