La sensación es que tiembla, no parece quieto. Me muevo al ritmo de los nombres y empiezo a reconocer que no voy a volver a ver la ciudad de la misma manera. Inaugurado en noviembre de 2007 y tras diez años de insistencia, Buenos Aires tiene un rincón: el Parque de la Memoria. Reflexión, presencia, ideas. Una escultura de Marie Orensanz avisa: “Pensar es un hecho revolucionario”, y esta tarde me siento muy lejos de pensar.
La sensación es que grita, que no está en silencio. Dice que en 1976 asesinaron a Francisco Reynaldo Urondo, Paco, y que ese mismo año hicieron lo mismo con Haroldo Pedro Conti. Y me dice una parva de nombres más, obstinado.
Y entonces pienso qué largo habrá sido aquél año, porque camino y cuento los pasos desde que arranca el abecedario y llego a 76. Poco antes de creerme un delirio místico y darme cuenta que hay un tercer muro, me avivo que hay un segundo. Cuento más: noventa y pico.
Arranca 1977 y parece que fue todavía más duro. Ya no cuento pasos porque me canso. Muy extenso. Es difícil reconocer cansancio en estas circunstancias.
El segundo muro cuenta que Inés Beatriz Ortega fue secuestrada, torturada y asesinada a los 17 años y embarazada. Y otra Inés, Olivera, de 21 también embarazada. Y Silvia Lidia Altamirano de 13. Y 54 y 43 y 14… Busco a Rodolfo Walsh y no lo encuentro.
Una mujer habla mucho por celular, hace mil llamadas. Quiere averiguar el nombre de “El Francés”. Parece que no lo recuerda y le dicen que “nunca supimos el nombre” que “su familia no reclamó nada y que entonces no está grabado en el muro” que “fijate bien en 1978”. Ella se empecina y se lo grita al teléfono.
La sensación es que te envuelven. Los muros abrazan. Apuntan al río con un propósito y creo que a propósito los aviones pasan peinando frentes: tal vez le estén haciendo memoria. ¿Cómo hacerle memoria a la memoria misma? Los pájaros y sus cantos no sé si están adrede, aunque todo indicaría que sí.

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